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jueves, 27 de marzo de 2014

¡¡¡Greenwashing!!! Verde que te quiero ver

Irving Penn & Issey Miyake

No podemos dejar de encendernos, cuando a los boticarios, nos ponen ejemplos de firmas muy conocidas, por su compromiso con el mundo "verde" y con su buen hacer formulando. Muchas veces, estos ejemplos de firmas, están en grandes superficies comerciales donde parece que "todo vale" y venden su "engañoso producto bio" hacen bandera de esta filosofía.

El greenwashing , es un neologismo que designa el “lavado de cara” que practican las empresas para hacernos creer que son “verdes” cuando en realidad no lo son. Hablando llano, el maquillaje verde de las empresas y no sólo las cosméticas. En España se suele denominar “Marketing verde“. 

Aunque somos boticarios y nuestro campo es la formulación, para no aburriros desde este punto de vista, vamos a enfocarlo, desde la perspectiva de la comunicación corporativa.


Objetivo: solo “engañar” no "mentir".

Muchas marcas, incluso dentro del mercado farmacéutico, surfean la ola de lo “natural” retorciendo las palabras, exprimiendo al máximo la ambigüedad para no “mentir” (lo cual les llevaría directamente a los tribunales). 

Cuando muchas veces buscamos la composición, es imposible acceder a la lista completa de ingredientes. Este es un truco muy habitual en la práctica del greenwashing. En su publicidad solo enumeran los ingredientes que les conviene citar, bajo el apelativo “ingredientes activos” o “ingredientes principales“, y olvidan los otros, salvo en la nomenclatura INCI ( parte lateral de las cajas que compramos) donde la ley les obliga a citarlos todos. 

Por supuesto, te resaltarán efusivamente, que NO tienen ni aceites minerales ni parabenos. Pero el tema de los parabenos lo dejamos para otra entrada porque también es otro tema que nos indigna....

¿Es lo mismo “aceites 100% vegetales” que “100% aceites vegetales?


Si os fijáis en la formulación “aceites 100% vegetales”, la idea es dar a entender que está constituido al 100% de aceites, pero no es lo mismo “aceites 100% vegetales” que “100% aceites vegetales”. Esta es la trampa, el orden de las palabras. El truco para “insinuar” sin llegar a “mentir”. Lo que no nos dicen realmente, es que aparte de aceites hay otras cosas.


¿Producto “Bio“?

La mayoría de ellos, tienen algún ingrediente BIO, pero mezclados con tal cantidad de químicos que tendrían que ser mágicos para que su presencia tuviera un interés cualquiera.
En fin, os pasamos “The Greenwash Guide”, para que tengáis algunas simples formas de identificar esta práctica para que no nos "laven el cerebro".
1.- Lenguaje ambiguo: palabras o términos sin un significado o fundamento claro que usan las empresas para describir a sus productos. Por ejemplo: “comprometido con el medioambiente”, ¿hasta dónde llega su compromiso?

2.- Imágenes sugerentes: injustificadamente, sugieren un impacto positivo en el medio ambiente.

3.- Mensajes irrelevantes: enfatizar un pequeño atributo ecológico, en productos donde todos los demás, no lo son. Por ejemplo, "cigarrilo ecológico", ¿es el mayor de todos los males?

4.- Jerigonza: utilizar lenguaje confuso y que en algunos casos, sólo personas de la ciencia podrían entender

5.- Sin prueba: ¿dónde está evidencia? Por ejemplo, champús que afirman tener "certificado orgánico", pero sin certificación verificable.

En 2004, la Unión Europea quiso clarificar un poco el embrollado panorama y prohibió la utilización de las partículas eco o bio para alimentos que no fueran producto de la agricultura ecológica. Fue la razón de que los yogures Bio, de la marca Danone, pasaran a llamarse Activia, como siguen llamándose hoy en día.

Sin duda, un tema que se agradece que alguien hable con transparencia y no jueguen con nuestra conciencia ni deseos, como os explicamos en la entrada "Cosmética BIO, nuestra actual búsqueda".

jueves, 20 de septiembre de 2012

¿Cosmética BIO? nuestra actual búsqueda


Conceptos como productos ecológicos, orgánicos, biológicos, biodegradables, desarrollo sostenible, productos de origen natural, etc., aparecen constantemente en las etiquetas y publicidad de los productos, pero... ¿son realmente ecológicos?

¿Qué es una CREMA NATURAL, qué es una CREMA ECOLÓGICA?


Como en tantos otros productos, hay todo un sector industrial dedicado a la cosmética natural o ecológica. Las principales diferencias son:

1. Frente a los ingredientes:
  • se evitan o minimizan los sintéticos
  • los vegetales o animales deben proceder dentro de lo posible de explotaciones ecológicas (las hay que priorizan los adquiridos de acuerdo con los principios del Comercio Justo), que se evitan determinados procesos de elaboración como las radiaciones radiactivas y que no se usan ingredientes de origen transgénico.
2. Frente a los envases, minimizan los embalajes y se hacen de materiales fácilmente reciclables.




Toda la industria cosmética (como las otras) hace una búsqueda constante de nuevos ingredientes y formulaciones para dar nuevas prestaciones a las cremas y diferenciar sus productos, en un mercado cada vez más saturado. En el caso del sector natural (y cada vez más en el convencional) esta investigación está focalizada en las plantas y algas, buscando componentes que tengan determinadas propiedades fisicoquímicas.

Así como las sustancias sintéticas tienen el inconveniente de ser nuevas en la naturaleza y por lo tanto se desconocen muchos efectos a largo plazo sobre los seres vivos y los ecosistemas, puede pasar lo mismo con sustancias extraídas de vegetales que no se han usado tradicionalmente. Por otro lado, esta búsqueda en muchos casos conlleva traer ingredientes de cualquier parte del mundo (por ejemplo para dar una textura muy perfeccionada a una crema se le puede incorporar una sustancia que se encuentra en una variedad de rosa que sólo es propia de un país), y el uso de estos recursos puede llevar a una sobreexplotación.

Todo producto cosmético proclama que es el más natural del mundo. Para distinguir los productos auténticamente naturales podemos guiarnos por la lista de ingredientes y por algunos sellos de producción natural.



Alemania, junto con los países escandinavos, ha sido pionera en poner atención a las repercusiones que los productos químicos de síntesis tienen sobre la salud y el medio ambiente. De hecho, algunas fueron creadas por personas que tenían problemas en la  piel y quisieron buscar maneras saludables de tratarlos.

Todavía no hay ninguna normativa legislativa que defina cuándo un producto cosmético se puede denominar natural.


Hay varias etiquetas bio (Soil Association, Ecocert, Cosmebio, BDIH, Demeter, ...), y todas ellas se basan en exigencias comunes, como no haber sido probado con animales, comprobar la ausencia de transgénicos, parabenos, fenoxietanol, nanopartículas, silicona, PEG, perfumes, materias primas de origen animal excepto los que procedan de animal vivo (leche, la miel, la lana..)




Los productos con el sello Ecocert representan el 95% de la cosmética mundial con certificación bio.

- Un porcentaje mínimo del 95% de los ingredientes vegetales de la fórmula debe proceder la agricultura ecológica.

- Un porcentaje mínimo del 10% de todos los ingredientes debe proceder de la agricultura ecológica.

- Un porcentaje mínimo del 50% de los ingredientes vegetales de la fórmula debe proceder la agricultura ecológica. 

- Un porcentaje mínimo del 5% de todos los ingredientes debe proceder de la agricultura ecológica.

Hay que decir que obtener estos sellos es costoso económicamente y burocráticamente, por eso para empresas pequeñas (como las de cosmética natural españolas) es dificultoso acceder a ellos aunque los productos cumplan los requerimientos de calidad.